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¿Cuánto? ¡No importa, tú muévete! Dosis de ejercicio

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Revisión publicada en Circulation que intenta determinar cuál es la dosis adecuada de ejercicio físico que se debe indicar para la prevención de eventos cardiovasculares en la población.

A medida que la sociedad ha cambiado la vida activa por el sedentarismo, volviendo más tarde a la práctica de actividad física, nos hemos encontrado ante un variado escenario de riesgo cardiovascular. De esta nueva realidad nacen dudas acerca del beneficio del deporte y de los eventuales efectos deletéreos que la práctica excesiva pudiera causar. Este artículo de revisión analiza y busca la dosis óptima de ejercicio para el consejo clínico.

Desde tiempos remotos la actividad física y la longevidad han sido objeto de estudio, desde Hipócrates y Galeno hasta el año 1953 en que fue publicado el famoso estudio londinense sobre la interacción entre el oficio sedentario de los conductores de autobuses y el riesgo cardiovascular. Muchas han sido las investigaciones posteriores, sin embargo, la mayoría de métodos de recogida y análisis de datos estaban sometidos a grandes sesgos por lo que la extrapolabilidad de los datos se veía altamente restringida.

La actividad física (AF) se define como cualquier movimiento del cuerpo que resulta de la contracción del músculo esquelético incrementando el gasto de energía por encima del basal. El ejercicio, como subcategoría, sería toda acción planificada y estructurada con el fin de mejorar o mantener la salud y condición física. Su cuantificación se basa en la determinación de tres sencillos parámetros: tiempo dedicado a una sesión, frecuencia e intensidad. Si bien los dos primeros son sencillos, la aproximación al tercero resulta algo más compleja existiendo dos modelos paramétricos: los de intensidad absoluta que aluden a la energía requerida para una actividad (kcal/tiempo, METS) y los de intensidad relativa en porcentaje de la capacidad máxima de esfuerzo (% Vo2, %FC máxima…). Las mediciones absolutas son prácticas para el estudio de datos a nivel científico, mientras que las relativas permiten al clínico tutelar y programar la práctica deportiva a nivel individual (*). Hablaremos pues de baja, media y alta intensidad a partir de este momento.

Cantidad de ejercicio y respuestas clínicas (*)

Perfil lipídico

Paradójicamente y a pesar de las múltiples publicaciones existentes, el impacto del ejercicio aeróbico sobre el LDL no está del todo claro. Dos grandes metaanálisis demostraron una mejoría significativa del HDL pero no del LDL, sin embargo, a pesar de la escasa reducción de cifras absolutas, se observó un descenso significativo de la talla y número de las subfracciones aterogénicas.  

Tensión arterial

Que el ejercicio físico reduce la incidencia de HTA es un hecho sobradamente contrastado pero no se ha demostrado hasta el momento un claro patrón dosis-respuesta. No existe evidencia de un umbral de esfuerzo inferior para conseguir el descenso de la TA ni un máximo tras el cual no se alcanzara el beneficio hipotensor. ¿Curvas? ¿En U? ¿En J? Líneas de investigación en ciernes, ya veremos.

Diabetes mellitus (DM) y síndrome metabólico (SM)

Las intervenciones integrales sobre los hábitos de vida que incluyen ejercicio físico, dieta y una pérdida de peso asociada, han mostrado claramente su beneficio en la prevención de SM y DM. A pesar de que en los estudios publicados se aplicaron los consejos de las guías vigentes, la miríada de datos disponibles sugieren que mayores dosis de ejercicio resultan en mayores mejoras de la sensibilidad a la insulina. ¿Glucemias elevadas?, ¡muévete!

Masa corporal

El resumen de este apartado concluye con la interesante observación de que la dosis de ejercicio mínima requerida para mantener el peso ideal o estimular su pérdida, parece ser sustancialmente mayor que la dosis mínima para modificar los factores de riesgo cardiovascular arriba analizados. Protección con poco esfuerzo… ¡vale la pena!

Mortalidad

A día de hoy no se ha diseñado ningún estudio para analizar el efecto real de la dosis de ejercicio físico como preventivo/precipitante de muerte. No obstante, es altamente recomendable echar un vistazo a la gráfica publicada en el artículo que muestra la tendencia descendente de la línea mortalidad-ejercicio físico de intensidad moderada/alta. Bonito “metaanálisis visual” de doce estudios epidemiológicos. (*)

Algo de polémica: “Más puede no ser mejor, pero no precisamente malo”

El Aerobics Center Longitudinal Study evaluó la mortalidad por todas las causas en más de trece mil corredores durante unos quince años. Analizados por quintiles, los datos demostraron que la curva dosis de entrenamiento-muerte tenía una curva en J y no en U. Este hallazgo refuerza la idea de que incluso las dosis más ligeras tienen un impacto positivo sustancial sobre la salud. Sin embargo, más allá de ese umbral aunque no parece aportar ningún beneficio adicional tampoco resulta perjudicial. En cambio el Copenhagen City Heart Study ha descrito una curva en U. Con lo cual el debate permanece abierto.

Comentario

Las dosis de ejercicio físico inferiores a las recomendadas por las guías parecen tener un impacto significativo sobre la salud y longevidad. En la práctica clínica esto se traduce en el importante concepto de que son los individuos menos activos los subsidiarios de obtener beneficios desde los más pequeños incrementos en el ejercicio y su actividad física diaria.

La mayoría de los datos disponibles sugieren que mayores dosis de ejercicio están asociadas con menor riesgo cardiovascular y mortalidad frente al sedentarismo. Si una parte de los beneficios protectores del deporte se pierden en las dosis más elevadas del espectro es algo que resta por esclarecer. ¿Alguien se anima? Campo de estudio ciertamente prometedor en una sociedad actual con una cultura del deporte cada día más en auge. 

(*) Gráficos muy interesantes en el artículo original.

Referencia

Exercise Dose in Clinical Practice

  • Meagan M. Wasfy, Aaron L. Baggish.
  • Circulation. 2016;133:2297-2313.

Advertencia

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